La comunidad de Belzunce: un oasis de paz

Gerardo Torres (texto) y Fernando Serrano (vídeo).-

La comunidad de los Traperos de Emaús se define a sí misma como una “escuela de crecimiento personal y colectivo”. En Navarra, la comunidad aglutina a más de 200 personas y llevan más de 40 años trabajando en recolectar lo inútil y volverlo útil.

Junto al grupo de Producción Televisiva, visitamos la casa que la comunidad tiene en el pequeño pueblo navarro de Belzunce para comprobar si el lema se adecuaba con la realidad.

Belzunce se encuentra a pocos kilómetros de Pamplona

Mapa de Belzunce. Fuente: Google Maps.

Diario de Navarra publicó esta nota para la inauguración de la Comunidad de Belzunce:

Al entrar, comprobamos que en este sito había algo especial. Sentimos que ingresábamos a un pequeño oasis de paz en un mundo disperso. El encargado, Xabi, nos recibió con una sonrisa de oreja a oreja; estaba ansioso por contarnos qué significa ser Trapero de Emaús, lo cual es evidente, porque, se comparte lo que se ama y, no hay duda, este caballero ama ser trapero.

Rincones mágicos de la casa de Belzunce. Fotografía: Fernando Serrano.

En  la comunidad de Belzunce, corazón de los traperos navarros, viven alrededor de treinta personas, cada una de las cuales tiene una historia que contar; el problema es que no todos la quieren contar en cámara.

La casa de Belzunce es bioclimática y ha sido construida con materiales naturales y recuperados. No hay duda, el cuidado del medio ambiente es otro de los rasgos que definen a los Traperos de Emaús.

El ambiente de la casa era relajado, se respiraba paz y tranquilidad. La música de Aerosmith invadía los distintos salones de la casa. Daban ganas de tumbarse a leer en los sillones del salón de estar y de disfrutar con el sonido ambiente (música, el canto de un gallo, etc.)

En la terraza, un grupo de traperos conversaban tranquilamente mientras tomaban un café. Nos acercamos a preguntarles si podíamos grabarlos; todos dijeron que sí, excepto uno. Por tanto, no grabamos.

Lo cierto es que en Belzunce viven personas en riesgo de exclusión social; personas que lo han pasado mal en la vida y han vuelto a renacer en los Traperos. Por tanto, es normal que no quieran ser grabados.

Ser trapero es una elección; no una obligación. Sin embargo, hay ciertos requisitos: el primero, es querer ser trapero; el segundo, ser respetuoso y permitir la libertad de acción y palabra dentro de la comunidad; el tercero, rechazo a cualquier forma de “autodestrucción” (alcohol o drogas) o de violencia; el cuarto, entender que la convivencia pacífica y armónica dentro de la comunidad solo se consigue con el “diálogo, la comprensión, la flexibilidad y el respeto a la diferencia”.

Los traperos no viven de la caridad, son autosuficientes en el trabajo y en la vida. La casa de Belzunce es uno de sus múltiples sitios de trabajo. Hay huertas, talleres, granjas con animales, etc.

Al acercarnos a conocer la huerta, nos encontramos con un personaje curioso, muy curioso. Su nombre era Paco Berlusconi y era un simpático burro que mordía todo lo que se le acercaba. Cerca de Paco, se encontraba un hombre trabajando el campo que, al ver las cámaras, se acercó con sospecha. Le preguntamos si estaba dispuesto a contarnos algo de los traperos y nos dijo que sí.

Belzunce es sinónimo de tranquilidad. Fotografía: Fernando Serrano.

Su acento y su gorra lo delató. Era uruguayo y, tal como decía su gorra, apoyaba al Club Atlético Peñarol. Es evidente que de Uruguay a Navarra hay una gran distancia, sí, pero, en ocasiones, no existen las fronteras. En el fondo, todos somos humanos y buscamos lo mismo, el cómo y el dónde lo conseguimos no importa.

La historia de este hombre es la historia de muchos traperos. Personas que han vivido las injusticias de una sociedad consumista y egoísta, no obstante, han encontrado en los Traperos de Emaús una luz en la oscuridad, es decir, una nueva vida. El trabajo del día a día de los traperos, nadando en contra de la corriente y rompiendo moldes, nos ha hecho creer que un mundo diferente es posible.

Los Traperos de Emaús son especiales. La mayoría de empresas no tienen una identidad fuerte, no han conseguido formar una comunidad, sus empleados no consiguen integrarse, cada uno va a lo suyo. Afortunadamente, los traperos no son una empresa, son algo más. La palabra comunidad se encarna en los traperos. El ambiente es distinto. Cada uno de los miembros de la comunidad se siente importante, no es uno más.

Además, en los Traperos de Emaús conviven distintas razas en un clima de armonía. No se valora a las personas por su color de piel sino por su condición humana. Los Traperos de Emaús son un bonito ejemplo de cómo debería ser el mundo.

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