“Tenemos tiempo para cambiar las cosas”

PAÚL ZALDUENDO.- Tantaka se compone de tiempo. Y cada vez de más porque ya son centenares los alumnos de la Universidad de Navarra que deciden invertir unas cuantas horas de su tiempo en utilizar lo que están aprendiendo en sus carreras para colaborar con instituciones sociales. Estudiantes de magisterio, medicina, derecho, comunicación o arquitectura trabajan desde sus diferentes campos de estudio con más de 50 asociaciones y ONGs de Navarra, entre ellas, el Banco de Alimentos de NavarraCruz Roja, la fundación CORE o Cáritas Navarra.

Las motivaciones son muchas, y así nos lo cuentan sus protagonistas:

(Vídeo: María Varela)

Un caso particular es el de Sandra Echeverría, que a sus 19 años es puro nervio. No para. Desde que se levanta a las 7 de la mañana hasta que se acuesta al filo de la medianoche, protagoniza de verdadero contrarreloj en el que, además de cursar el segundo año de Magisterio y Pedagogía en la Universidad de Navarra, practica judo, da clases particulares y disfruta de sus ensayos de teatro. Apenas podemos charlar con ella durante los 20 minutos que se reserva para comer antes de volver a las clases.

 Aunque la doble carrera ocupa la mayoría de mi tiempo, no dejo que sea el centro de mi día a día, por eso hago otras muchas cosas

Está convencida de que su descanso se basa en cambiar de actividad. “Mis amigas me suelen decir que mis días son de 25 o 26 horas”, añade entre risas.

Desde principios de año, Sandra suma a sus numerosas actividades una más. Da clases de refuerzo escolar a niños inmigrantes recién llegados de sus países de origen en el Servicio de educación Intercultural (SEI) de Pamplona. A través de Tantaka, Sandra ofrece semanalmente dos horas de su tiempo en las que echa una mano a niños y adolescentes inmigrantes a adaptarse al nivel y el modo de trabajo del sistema de educación español. “Trabajando allí me he dado cuenta de las grandes dificultades que tiene en el colegio un niño que no conoce bien el idioma y que, recién llegado, no se ha integrado aún aquí”, explica, sin dejar de insistir en calificar como “vital” la labor de ONGs, como el SEI, que trabajan con este colectivo.

Después de más de seis meses acudiendo a las clases de apoyo, Sandra admite que ha perdido la cuenta de las horas le ha dedicado. “Acudí a Tantaka pensando en ayudar porque pedían voluntarios. Pero ahora tengo dudas es de quien ha ayudado a quien porque lo que estoy aprendiendo con los chicos del SEI no me lo ha dado ninguna de las asignaturas”, concluye.

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