Mikel Induráin: “Donar debería ser algo normal”

MARÍA ARBELOA.-

  • “La sangre se utiliza en todas las operaciones, y no se crea por arte de magia, la dan los donantes”
  • “Yo aspiro a la medalla de oro (mención a las 50 donaciones), quiero poder seguir donando durante muchos años”

Mikel Induráin tiene 25 años, es diplomado en Trabajo Social, y actual estudiante de Psicología, busca trabajo, y es donante. Se sorprende cuando se le pregunta por esto último, para él es algo completamente normal, es algo con lo que ha crecido en casa. Su madre trabajaba en el Banco de Sangre, y él muchas mañanas de verano le iba a buscar a la salida. Mientras esperaba el final del turno, se movía por la sala de extracciones y por la sala de refrigerio como si fuera su casa, sin miedo a las agujas ni a la sangre.

Cuando cumplió los 18 años apenas se lo pensó, parecía que estaba destinado a donar; ya en su casa sus padres, su hermana y si tío abuelo eran donantes. Este último recibió este año la medalla de oro, premio que reconoce las 50 donaciones, “yo aspiro a la medalla de oro, quiero poder seguir donando durante muchos años”, admite Mikel. Durante una de sus primeras visitas al Banco de Sangre como donante, un señor de unos 70 años se puso hablar con El donante Mikel Induráinél, Mikel recuerda cómo le enseñó el brazo, lleno de marcas de pinchazos, y le dijo “Si sigues donando, acabarás así”, a pesar de la impresión, Induráin sigue con su “rutina de donante”, pues como él dice, “esto es algo muy normal, no es nada raro”. Una de las cosas que destaca del Banco de Sangre es “el buen rollo que hay”, y cuenta cómo las enfermeras siempre tienen algo que contarte, o te entre tienen con chistes. “Nosotros también hacemos nuestra parte, yo cuando voy lo suelo hacer con dos amigos, y cuando termina la donación, enseñamos el otro brazo y decimos ‘ahora de este’. Al final les devuelves a las enfermeras un poco de esa alegría que te transmiten”.

Induráin admite que los donantes normalmente son personas que están en cierta manera más comprometidas con la sociedad que el resto de ciudadanos, normalmente involucrados con otras asociaciones u ONGs. Pone como claro ejemplo a su hermana, Maite Induráin, enfermera de 29 años, que de forma eventual ha trabajado en el banco de sangre. Ella es donante, pero también es voluntaria en DYA. Mikel define a su hermana como una guerrera, y recuerda los nervios que pasó ella el día antes de volar a Filipinas, pues ella fue una de los voluntarios navarros en viajar al país desolado por el tifón a finales de 2013.

Mikel es un donante poco común, pues ha experimentado la donación tanto en el Banco de Sangre en Pamplona, como en la unidad móvil. La unidad móvil es un autobús mediante el cual Adona cubre todo el territorio navarro. Este autobús sale todos los días del Banco de sangre (de lunes a jueves en horario de tarde, y los viernes en el de mañana), y cada día atiende a los donantes de un municipio; las visitas se realizan de acuerdo con este calendario. A Mikel se le realizó una vez una extracción en Tafalla con la unidad móvil, y recuerda que tuvo que hacer cola para esperar, “en los pueblos hay mucha cultura de donaciones, en las familias se fomenta mucho esta práctica. En Pamplona hace años también era así, pero cada vez menos. Antes Navarra era la primera Comunidad Autónoma española en donantes, ahora ya hemos perdido este puesto”, afirma algo molesto.

Desde su experiencia, considera que la sociedad navarra tiene poca conciencia de la necesidad existente de donaciones. Para él es solo una pequeña cita en su agenda cada tres meses, que no le quita en total más de media hora, y cree que quienes estuvieran en condiciones de donar deberían hacerlo. “La sangre se utiliza en todas las operaciones, y no se crea por arte de magia, la dan los donantes”, es el llamamiento que realiza Induráin.

Hace años, recuerda Mikel, había una campaña iniciada por Adona con el lema Un donante hace a otro, y él decidió hacer dos, dice entre carcajadas. De su grupo de amigos, acabó animando a dos de ellos a donar, “uno no tenía nada que hacer, y como yo iba a donar, le dije que me acompañara y se animó; el otro un día me preguntó, porque llevaba tiempo planteándoselo”. Para Mikel lo más significativo es la cantidad de desinformación que hay entre los no donantes, “mucha gente me ha preguntado que si me pagan por donar”, apunta, hecho que le recuerda a las “películas americanas”. Él considera que deberían lanzarse más campañas tanto al llamamiento de donantes y para informar, de manera que no suene a algo lejano, sino que cada vez sea más normal oír a alguien decir que va a donar (aquí Adona soluciona algunas de las dudas más frecuentes).

Induráin dice que un donante normalmente no piensa en que con su sangre pueda salvar una vida, que esté donando vida, pero hubo un momento en que él sí se planteó esto seriamente. “Hace años hubo un bulo de que la Clínica Universitaria estaba cobrando por las extracciones que nosotros hacíamos gratuitamente, y a mí esto no me hacía ninguna gracia… Yo dono para que la gente lo reciba gratis, no para que lo haga el que se lo puede permitir”. A raíz de esta situación, Mikel se puso a investigar las situaciones en que se utiliza la sangre de las donaciones, y entonces fue consciente de todas las personas a las que puede ayudar un gesto tan sencillo como es la donación.


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