Carmen Fabo: “Es muy gratificante ver cómo ese poquito que tu aportas, se multiplica por mil para ellos en felicidad”

Carmen Fabo es es voluntaria en la Casa de Misericordia desde hacer ocho años.

Carmen Fabo es es voluntaria en la Casa de Misericordia desde hacer ocho años.

 

  • “He aprendido aquí a valorar la vejez y a disfrutar de las cosas más elementales”
  • “ Me preguntan con qué me pagan lo que yo hago, yo les respondo que el amor se paga con amor”
  • “Me han enseñado que lo mínimo que tengo, tengo que esforzarme por mantenerlo y estar viva cada día con ese poquito que me han dado”

ALICIA LABRADOR.- Carmen Fabo es voluntaria en la Casa de Misericordia de Pamplona desde hace ocho años. Un día a la semana se lo dedica a María, de 96 años, y juntas pasean y charlan. Para Carmen Fabo lo mejor de dedicar parte de su tiempo a los ancianos de la Casa es la alegría que provoca su presencia en los ancianos que comparten el tiempo con ella.

1.¿Cómo decidió empezar a ser voluntaria en la Casa de Misericordia de Pamplona?

Yo llegué hace ocho años, en un momento muy complicado de mi vida, porque me quedé sin trabajo. En ese momento empecé a pensar que además se lo que había hecho profesionalmente tenía que ser útil para la sociedad y empecé a pensar qué podía hacer. Yo creía que había muchas necesidades y no tenía que irme a las misiones, sino que aquí, estando en Pamplona, podía cumplir con mi papel de madre y trabajadora, mientras completaba mi vida con algo más. Ya que tenía muy cerca de casa la Casa de Misericordia y que los ancianos me motivaban, pensé que podía empezar a dedicarles algo de mi tiempo. Además sé lo que es estar con ellos porque me ha tocado cuidar a mayores, de manera que un día me presenté en la Casa, pregunté qué tenía que hacer y me dijeron que solo tenía que hacer una entrevista con la Psicóloga y coordinadora de voluntariado, Yolanda Liberal. Como Pamplona es tan pequeño, yo conocía a la familia de Yolanda, de manera que en seguida encajamos y pronto venir a cuidar de ancianos se convirtió en parte de mi rutina.

2. Muchas personas no se deciden a hacer voluntariado por cuestión de horarios, y por qué piensan que les va a quitar mucho tiempo o que incluso es incompatible con su día a día, ¿cómo gestiona usted su tiempo para poder venir todas las semanas desde hace ocho años?

Una de las grandes ventajas es que tenemos mucha libertad de horarios. Lo que yo hago es venir un día a la semana. Yo saco desde que llegué a María, de 96 años, de manera que después de ocho años sé lo que le gusta y me adapto a ella a la hora de decidir qué hacer. Suelo llegar a las 10 de la mañana y lo primero que hacemos es ir a misa y después nos vamos de paseo. Si hace bueno aprovechamos para dar largos paseos por Pamplona o vamos a la Ciudadela. Si hace mucho frío o llueve muchas veces nos sentamos en una cafetería o paseamos por los patios de la Casa de Misericordia.

La Casa de Misericordia está situada junto a la Ciudadela. (ALICIA LABRADOR)

La Casa de Misericordia está situada junto a la Ciudadela. (ALICIA LABRADOR)

3. ¿Qué es lo más gratificante de estar aquí?

Para mi es la cara de alegría de la persona a la que cuido cuando llego por la mañana. Yo soy una persona completamente normal, pero cuando me ve su mirada refleja emoción, como si viera algo muy especial. Esa cara de alegría hace que yo no pueda dejar esto. Alguna vez que por cualquier motivo no he podido venir he mandando a mi hija a que viniera a pasar unas horas con María, ya que un solo gesto por nuestra parte les hace muy feliz. Están deseando que compartan tiempo con ellos, tener una persona con la que compartir pensamientos o preocupaciones y, si además es gente joven, eso les hace sentirse más vivos.

4. ¿Qué le diría a una persona que se está planteando hacer voluntariado?

A mi al principio me costó venir, porque son muchas las preguntas que tienes en la mente. Yo me preguntaba si me pondría triste por ver a los abuelos tristes y apagados, o si al final del día me entrarían remordimientos porque no me los podía llevar a casa. Pero nada de eso me ha pasado, de manera que les animaría a dar el paso y les diría que no hace falta nada especial para ayudar a los demás y que es muy sencillo. En mi caso lo ancianos, ves que disfrutan de ese rato que estás con ellos. Ya conozco a todos y me saludan, si un día vengo con un vestido especial me echan piropos. Así que yo animo a todo el mundo a que venga. En cuanto a la libertad de horarios, la Casa de Misericordia da mucha libertad para organizarte. Aunque yo procuro adaptarme a sus horarios porque ella disfruta mucho de ir a misa, pero si no puedo por la mañana, vengo por la tarde.

5. ¿Qué es lo que ha aprendido de los mayores gracias al voluntariado?

He aprendido aquí a valorar la vejez y a disfrutar de las cosas más elementales. A mi me sorprende mucho cuando veo a un abuelo con un andador con un poquito de posibilidad de andar y el esfuerzo que hace por caminar y me parece envidiable, es algo que todos deberíamos copiar de ellos. Me han enseñado que lo mínimo que tengo, tengo que esforzarme por mantenerlo y estar viva cada día con ese poquito que me han dado. Cuando hay fiestas disfrutan de comer, de la bebida, de bailar… Yo hace tiempo que vengo aquí el día del chupinazo porque esto es vivir Pamplona de una manera totalmente diferente y de manera fantástica. Hay veces que María me pregunta con qué me paga ella lo que yo hago. Yo siempre le respondo que el amor se paga con amor. Ella se ríe y me responde que sí, pero que con algo más también, que de amor no se come.

6. ¿Qué es lo más duro de cuidar de personas mayores?

Al ser un voluntariado con personas, hay que tener en cuenta que cada uno es diferente que son personas mayores que han vivido mucho y que muchos tienen sus manías. Por eso hay que hacer un esfuerzo por conocer su historia de vida y por adaptarnos a sus manías. Al principio cuesta adaptarse y es duro. Lo fue para mi y para ella también además cuando yo llegué ella tenía muchas dificultades para hablar, pero poco a poco ha ido soltándose, ya habla y nos entendemos de maravilla. Con una palabra ya sé lo que me quiere decir. Hablamos de su familia y me cuenta cosas de su pasado, por ejemplo ella vivía en la Calle Mayor y a veces paseamos por ahí. También estuvo sirviendo en el Paseo Valencia y eso ella lo recuerda con mucha fuerza, se acuerda de los niños a los que cuidaba, me cuenta que salía a la Ciudadela con ellos, que les llevaba al colegio. Es muy bonito ir paseando y que me vaya contando historias de hace 60 años. A mi ahora mismo no me supone ningún esfuerzo venir a estar con ella, al revés, salgo totalmente gratificada. Les ves que disfrutan tanto con tan poco que haces que merece la pena compartir parte de mi tiempo porque disfrutan muchísimo. Yo siempre digo que es más fácil dar que recibir, cuando recibes simplemente el cariño, es inmenso. Yo no vengo aquí por recibir, lo digo de verdad, tengo una vida satisfactoria, tengo mucha familia pero es muy gratificante ver cómo ese poquito que tu aportas, se multiplica por mil para ellos en felicidad.

Casa de Misericordia

La Casa de Misericordia de Pamplona fue fundada hace más de 300 años. (ALICIA LABRADOR)

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2 comentarios en “Carmen Fabo: “Es muy gratificante ver cómo ese poquito que tu aportas, se multiplica por mil para ellos en felicidad”

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