Santiago Matute: “El porcentaje de personas que se curan definitivamente es muy pequeño”

DIEGO PREGO.-

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Dentro del centro de drogodependencias y alcoholismo de Antox hay un equipo profesional formado por una psicóloga, un psicólogo clínico, dos médicos, trabajadores sociales y varios educadores que se van turnando. Junto con la gerente y la administrativa son un total de 17 profesionales. El centro funciona por lista de espera, con un total de 27 plazas y los usuarios del centro se dividen en dos perfiles: ordinarios y duales. Los ordinarios son politoxicómanos y los duales además de politoxicómanos, tienen problemas mentales.

Las actividades que se ofrecen en Antox se concentran en actividades socioeducativas que se dividen en dos ámbitos: hostelería y mantenimiento. En hostelería se incluyen todas las actividades que hay en la casa, como la cocina o la limpieza general de los espacios comunes. Por otra parte está el mantenimiento de toda la parte exterior y las infraestructuras de la comunidad. Dependiendo de si hay financiación o no, hay actividades adicionales, como el taller de salud que aborda múltiples temas, o los GAT (Grupos de Adaptación al Tratamiento), una reflexión entre todos los usuarios de cómo funciona la comunidad: problemas de convivencia, quejas…

Uno de los educadores del centro, Santiago Matute, explica cómo antes había más usuarios duales, y las reuniones se dividían entre ordinarios y duales, ahora se agrupan por períodos de estancia: entre los que más tiempo llevan y los que menos. En principio la estancia en el centro para el usuario tiene un año como límite, aunque puede haber casos excepcionales en los cuales se solicita una prórroga a Salud Mental, con un máximo de cuatro o cinco meses. “Yo no conozco a nadie que haya estado más de 14. Suelen ser casos problemáticos, como un consumo de última hora, un trámite para la estancia en una residencia…”, aclara Matute. La función de Santiago Matute es la planificar y organizar las actividades socioeducativas de mantenimiento.

Según el educador, el porcentaje de personas que se curan definitivamente es muy pequeño. “No sé si tiene que ver con el tiempo de estancia en la comunidad. Para algunos el tiempo de estancia se queda un poco corto, y, a veces para otros se queda demasiado largo, porque hay usuarios que por el proceso que llevan o por la forma de ser, los últimos dos o tres meses les cuesta mucho, no son muy partidarios de volver y muestran una actitud pasiva”, añade Matute.

En cuanto al proceso de entrada de un paciente al centro, hay varios pasos a tener en cuenta. Primero está el servicio de admisión en Pamplona, a cargo del trabajador social, Andoni. Es el primero al que ve el paciente, y es el que entabla las relaciones con el paciente, con su familia y con los distintos servicios a través de los cuales tiene que ingresar en Antox. “Nosotros dependemos de Salud Mental, no viene nadie a la comunidad sin el beneplácito su beneplácito. Hoy en día somos el centro de referencia de Salud Mental con los duales. Salud Mental nos manda los pacientes duales”, aclara el educador. Una vez que el paciente llega a Antox, se le asigna un psicólogo y un tutor, que son los responsables de cada uno de los usuarios durante su estancia. Teóricamente se coordinan y son los que, durante el primer mes, están más pendientes del usuario.

Del mismo modo, los pasos a dar los establece el equipo que se reúne una vez a la semana. El funcionamiento se divide en primera y segunda fase. “La primera fase es como un tiempo de adaptación mutua, donde el usuario viene al centro y ve si éste es su sitio o no, si realmente se ubica y donde la comunidad vemos si realmente éste es el lugar para el usuario”. Durante el primer mes hay un mayor control. Una vez al mes se hace un informe de los responsables de cada uno de los usuarios que presentan al equipo, donde elaboran el programa de funcionamiento: objetivos tanto del equipo como del usuario. Y ahí se da el visto bueno para pasar a segunda fase. “Segunda fase es el resto del tiempo, salvo que haya problemas de funcionamiento o de consumo. Si hay consumo automáticamente se vuelve a primera fase. El consumo es muy difícil de controlar y muy fácil de verificar, ya que cada vez que se sale del centro se hace un registro y una analítica de orina”, afirma Matute. Teóricamente sólo se pueden dar tres consumos, pero hay casos en los que se han dado más de tres consumos y se intenta recuperar.

Al margen de las actividades de mantenimiento y hostelería, también se desarrollan cursos de cocina una vez a la semana y cursos de gimnasia. En el caso de que no haya financiación, los cursos se intentan organizar con los educadores. También hay terapias en las que viene una persona licenciada en arte que imparte ‘Arte-terapia’, es decir, a través de una expresión artística contar cómo se siente uno.

Los educadores del centro pasan mucho tiempo con los pacientes, se trata de un trabajo vocacional y que exige de un trato especial. Para Santiago Matute lo mejor de su trabajo es el contacto con la gente, las relaciones y las vinculaciones que se establecen entre el usuario y el educador. “El poder trabajar con personas que necesitan una ayuda y en la medida en que pueda poder ayudarles, es lo que más satisfacción te produce, lo que más te llena. La relación del usuario con el psicólogo o la médico es más de despacho, en cambio, con los educadores es diferente, estamos todo el día con ellos”, confiesa Matute.

Por otra parte, lo peor del trabajo para Santiago es la incertidumbre. Actualmente hay un planteamiento del Gobierno de Navarra de privatizar aún más el centro. Hay tres centros terapéuticos en Navarra con plazas subvencionadas por Salud Mental: Proyecto Hombre en Navarra, ‘Ibarre’ que es una sociedad anónima laboral de Alsasua con 20 plazas, y después Antox. Ahora el Gobierno de Navarra tiene la intención de sacar las plazas a concurso. Sacar a concurso supone una licitación por parte del gobierno, es decir, se ofrecen unas plazas y puede optar cualquier empresa: como la Clínica Universitaria, una residencia para gente mayor con problemas de alcohol, la clínica psiquiátrica ‘Padre Menni’…; las plazas de los centros terapéuticos se darán a la mejor oferta.

De todas formas, siempre hay que tener en cuenta el lado malo de esta realidad que sin los centros de desintoxicación, Santiago Matute cuenta su impresión: “Una de las cosas que más me llamó la atención al poco tiempo de llegar, es ver que había muchos reincidentes. Los médicos suelen decir que es una enfermedad recidivante, esto es, que cada ‘x’ tiempo se reproduce. Cada caso es un mundo. Hay usuarios con perfiles duales que son muy llevaderos, y hay ordinarios que son intratables”. Hay unas normas en Salud Mental que establecen la clasificación del perfil, esto de diagnostica mediante un test el Millon (test de personalidad). “A veces te sorprende cómo algunos se han clasificado como ordinarios”, opina el educador. Los límites los establecen los psiquiatras y los psicólogos. Fundamentalmente se efectúa el test, luego está el diagnóstico del psicólogo clínico, Luis.

A Antox se viene principalmente por tres motivos: presionados u obligados por la familia (familias destruidas), cuando ya no se puede más la familia presiona para ingresarlo en comunidad, y aceptan pero presionados por el entrono familiar, o por el entrono social, si el usuario depende de instituciones públicas. Después hay personas que vienen por cuestiones de justicia, causas pendientes con la justicia, sucede cuando el juez dictamina o a la cárcel o a la comunidad. Y el último caso es la gente que viene por iniciativa propia.

Sin embargo, para algunos casos la salida del centro es mucho peor que la entrada, se trata de los casos perdidos. El educador Matute establece una comparación entre un centro de menores y un centro de drogodependencias: “La diferencia entre un centro y otro es la vida o la muerte. En Antox hay bastantes usuarios que terminan muriendo, y lo otro son chavales que tienen toda la vida por delante. En los cuatro años que llevo han muerto unos 15 o 20 usuarios. En lo que llevamos de año ha habido seis muertos. A mí no me afecta, pero profesionalmente es una frustración. Nos quedamos con que el porcentaje que se cura realmente es muy pequeño. Pero hacemos lo que podemos”. Matute afirma que hay gente que ingresa como mal menor, venir un tiempo para no ir directamente a la tumba. Mientras están en el centro no consumen, es un problema de contención, y se sabe que por mucho que están aquí no van a mejorar. “Al final terminas acostumbrándote y te adaptas a todo. Es una cuestión vocacional. Hay situaciones muy conflictivas y gente muy conflictiva”, añade el educador.

A pesar de ello, también hay que tener en cuenta los casos que consiguen seguir adelante y que a través del apoyo de centro como Antox y, sobre todo, del entorno familiar, logran reinsertarse en la sociedad, bien formando su propia familia, consiguiendo un puesto de trabajo que le mantiene ocupado y entretenido o simplemente alejándose del entorno que le hacía caer en todas las antiguas mañas influencias de consumo. Finalmente, contar siempre con la esperanza y con que cualquier persona tiene la oportunidad de cambiar.

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Un comentario en “Santiago Matute: “El porcentaje de personas que se curan definitivamente es muy pequeño”

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