Conchita Esteras, residente de la Casa de la Misericordia: “Cuando uno se hace mayor aprende a dar más importancia a lo de dentro que a lo de fuera”

  • “Si los jóvenes nos ignoran es porque no nos conocen”
  • “Ha habido una pérdida de valores”

PAULA BERROA-. La residente de la Casa de la Misericordia, Conchita Esteras, no puede olvidar el día que se perdió cuando tenía 4 años. Recuerda que acompañó a su madre a hacer recados, se despistó y la perdió de vista. Se ríe al contar que fue a preguntar a una tienda por su “tía Lupe” y le contestaron que le iban a llevar a un sitio donde conocían a todas las tías. “Me llevaron a la policía”, dice entre risas. Esta mujer se define como una persona que “suele conseguir lo que quiere”, y con tan solo 4 años demostró que sabía y podía volver a casa. Tenían comida en casa de su tía y consiguió que la policía le llevara en coche. “Aquí es, aquí es”, exclama Esteras, recordando a la frase que dijo entonces. Después de 80 años no olvida la cara que su madre puso – entre angustia, desesperación y alegría -cuando la vio después del susto.

Esta anécdota describe la personalidad de Esteras. La mujer se define como “luchadora, abierta y comunicativa” y reconoce que en la residencia “no para”. Necesita estar en constante actividad. Conchita Esteras fue maestra en su juventud y a día de hoy comparte sus conocimientos con sus dos sobrinos, quienes van a visitarla dos días por semana. Cuenta que aprovecha las tardes que van para darles clases de francés y que ellos, además de cariño, le enseñan a dominar las nuevas tecnologías. “Ahora manejo el Ipad. Lo poco que sé lo he aprendido de ellos”, dice orgullosa.

Bailar, bailar y bailar. Si por Esteras fuera se pasaría el día bailando. Cuenta que de joven le encantaba hacerlo y que cuando la residencia organiza “fiestas” aprovecha para disfrutar del baile. La residente asegura que aunque las relaciones en el centro son cordiales puesto que realizan actividades juntos y se ven diariamente, “ella es compañera pero no amiga de todos”. Cuenta que forma parte del imserso y que son esas personas sus amigos, a quienes conoce desde mucho tiempo. Es el tiempo lo que construye la amistad, y es con ellos con quienes viaja y comparte sus mayores secretos.

Esteras tiene claro que lo que más valora en las personas es la sinceridad, y confiesa que a medida que pasan los años “uno aprende a darle más importancia a lo de dentro que a lo de fuera”. Insiste en que la vejez le ha vuelto más reflexiva, prudente “y vuelta a los demás para ayudarles. Es lo único que te queda”. Destaca que ahora los jóvenes son más individualistas y que ha habido una pérdida de valores. “Quieren todo aquí y ahora”.

Tres años fueron los que tuvo que esperar Conchita para ingresar en la Casa de la Misericordia. Su hermano murió en el mismo sitio en el que se encuentra ella ahora, en el mismo centro. Tenía alzheimer y ella lo cuidaba y visitaba diariamente. Cuando se quedó viuda decidió cambiar de vida, una vida que comenzó hace meses y que continúa  acompañada de una sonrisa.

 

Paula Berroa: texto y entrevista

Jonás Bravo: cámara y edición de vídeo

 

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