Paula Izcue, residente de la Casa de la Misericordia: “Hemos vivido pobres y contentos”

  • “Me gusta mucho la gente joven. Los veo cariñosos y sinceros”
  • “He querido mucho a mis sobrinos y ellos ahora responden”

PAULA BERROA-. “Tiene la sonrisa más bonita de la Casa”, dice la psicóloga del centro Yolanda Liberal mientras observa con cariño a  Paula Izcue, residente soltera de 91 años.

Esta mujer confiesa  que no recuerda “nada bonito” de su infancia ya que tuvo una vida dura y sacrificada. Perdió a su madre a los 6 años y cuando tenía 15 falleció su padre. Recuerda conmovida que desde entonces se hizo cargo de sus hermanos, especialmente de uno, cuyo nombre prefiere no mencionar. La parálisis de su hermano le impedía valerse por sí mismo y fue ella quien se ocupó de él hasta el último día de su vida. “Yo disfrutaba  ayudándoles y haciéndoles todo, aunque quizá haya sido poco agradecido”, se sincera emocionada. Sin embargo, su rostro refleja que las dificultades no han impedido que siga sonriendo.

“No me costó mucho venir a la residencia porque en casa estaba sola”, continúa Izcue. Explica que tenía caídas constantes y que la última vez estuvo más de hora y media en el suelo sin poderse levantar. Sus sobrinos, preocupados por la situación de su tía, le aconsejaron que ingresara en el centro. Ya han pasado 17 meses desde entonces y aunque “eche en falta su casa de Zirauki” reconoce que en el centro le atienden muy bien.

Izcue es un ejemplo de bondad y sacrificio. A día de hoy, le gusta visitar en la enfermería a los pacientes que lo necesitan, y en sus ratos libres “lee mucho”. La falta de pulso le impide que pueda seguir haciendo punto o escribiendo, como recuerda que hacia cuando era joven. Por ello, invierte el día leyendo, relacionándose con los que “sufren” y esperando que sus sobrinos vayan a visitarla.

El arropo familiar que recibe de sus sobrinos le da fuerza. “Les he querido mucho y ellos responden”, se sincera emocionada. Cuenta que cuando llegó por primera vez a la Casa de la Misericordia se sentía desubicada y miraba constántemente a su alrededor por si sus sobrinos habían ido a verla. “Me sentía un poco sola”, confiesa. Sin embargo, destaca la suerte que tiene de tener tanto cariño y visitas por parte de ellos. A lo largo de su vida ha frecuentado relaciones con los más jóvenes, especialmente cuando trabajaba en un estanco y el contacto era frecuente. “Los veo sinceros, cariñosos. Me gusta la gente joven”, dice convencida Izcue. Sin embargo, piensa que la sociedad actual es más “caprichosa”  y que las personas de su generación, por lo general, han vivido pobres y contentos.

Paula Berroa: texto y entrevista

Jonás Bravo: cámara y edición de vídeo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s