Vicente Rubio, voluntario de ancianos desde hace 25 años: “Me siento orgulloso de mi vida. El voluntariado ha sido un hobby”

  • “Tiene que salirle a uno mismo la alegría hacia los demás. Es lo grande de la vida”
  • “En el voluntariado no ayudamos, acompañamos en el sufrimiento”
  • “Somos mayores y tenemos que alegrarnos la vida unos con otros para lo poco que nos queda”

PAULA BERROA-. “Hay algo que no puedo olvidar. Me marcó. Me llenó mucho”, dice Vicente Rubio, voluntario de gente anciana desde hace 25 años. “Llevaba dos días con él y al tercero, antes de irme a casa, me miró a los ojos y me dijo: ¿Vicente cuándo vas a venir otra vez?”, recuerda Rubio que le dijo el primer hombre con el que ejerció de voluntario.

Fueron 12 años los que compartió su tiempo con él. Vicente Rubio explica que su mujer y él eran terciarios y que un día un médico que conocían les propuso comenzar a hacer una “labor muy buena por los demás”. A raíz de ello le conoció a él, un hombre de 75 años de la Chantrea que tenía esclerosis atípica. El hombre no se podía mover si no lo hacía con la ayuda de una silla de ruedas. Su familia, cuenta Rubio, tenía dificultades para atenderle por lo que necesitaban ayuda. Cuando murió relata que su mujer puso su nombre en la esquela y le dijo agradecida: “Eres un hermano más. No sabes lo que te queremos Vicente”.

A sus 84 años Vicente Rubio asegura que el voluntariado ha sido y sigue siendo un hobby. “Me siento orgulloso de mi vida”, se sincera. Ahora es voluntario en las relaciones humanas. Hace 3 años que es residente de la Casa de La Misericordia y dice convencido que es incapaz de pasar delante de alguien y no saludarle. “Somos mayores y tenemos que alegrarnos la vida unos a otros el tiempo que nos queda”. Confiesa que hay residentes que a menudo le preguntan por qué se levanta siempre con tan buen temple. Él asegura que en la vida a uno tiene que salirle la alegría hacia los demás puesto que es lo más grande que existe. Destaca el cariño y los cuidados que recibe como residente y lo feliz que se siente haciendo el bien.

Vicente

Vicente Rubio, residente de 84 años de la Casa de la Misericordia. PAULA BERROA

Sin embargo, Vicente Rubio conoció el centro hace años desde otra perspectiva. Estuvo como voluntario 3 años y medio con un hombre que vivía en la Casa de la Misericordia. Revela que el primer contacto con él fue muy complicado. “Estaba esquivo”, dice Rubio. Sin embargo, supo dar con algo que le fascinaba: el Osasuna. Se preocupó por conocerle y lograr que se abriera a él. Tal y como explica este voluntario recuerda que aquel fiel amigo suyo se pasaba el día cantando. Lo veía feliz a pesar de que le quedara poco de vida y de tener escaso arropo familiar. “A mí no me quieren”, dice conmovido Vicente refiriéndose a las palabras que a menudo le decía este hombre. Nunca olvidará el día en el que lo vio morir: “Tuvo dos neumonías y a la tercera ahí se quedó. Murió”. “Creo que ha muerto”, recuerda Vicente que dijo a una de las monjas que se ocupaba de él. Y en efecto, así fue. Sin embargo, el recuerdo que Vicente tiene de él “perdurará siempre”.

Si algo tiene claro  es que el voluntariado consiste en acompañar y no tanto en ayudar. Acompaña en el sufrimiento a la gente que lo necesita. Actualmente se ocupa de su cuñada enferma de Alzheimer a la que pasea o con la que comparte ratos como el jugar a cartas. Asume que llegará un día en el que producto de la enfermedad su cuñada no le reconozca, no sepa quién es ni lo que ha hecho y seguirá haciendo por ella. Sin embargo, Vicente dice que le basta con verla feliz, tanto a ella como a su hija, quien le agradece enormemente lo que hace por su madre.

Vicente Rubio  aconseja ser prudente en el voluntariado. “Es mejor perder uno mismo a veces y hacer que el otro se sienta bien, no enfadarse, entenderlos”.  Sin embargo, asegura que eso es algo que las personas deberían de tener en cuenta incluso con personas sanas.

Destaca que a sus nietos procura decirles que sean buenas personas. “Es importante que estudien pero las personas somos un todo”. Apunta que la sociedad actual ha mejorado en muchos aspectos, especialmente en la cultura, ya que antes se estudiaba muy poco. En su caso tuvo dificultades para hacerlo, ya que tal y como explica, su padre le necesitaba para trabajar. Debía buscarse la vida. Opina que los jóvenes en la actualidad tienen más de lo que ellos pudieron tener cuando eran jóvenes pero que el ser humano es caprichoso independientemente de la época en la que viva. “La gente mayor de joven también fuimos coquetos”, asegura sonriente acordándose de la ilusión que le hizo de joven que le regalaran un reloj de pulsera con 22 años.

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