¿Cómo se trabaja en Nabut?

ELIANA G. BEES.-  El proceso de lavar, secar y planchar la ropa esconde infinidad de pequeños detalles, además del cariño de todo un equipo. Así es un día para un trabajador en el Servicio de Lavandería de Nabut:

“Son las siete de la mañana y acabo de llegar al curro. Hoy toca ponerse las pilas,ya que hay mucho trabajo que hacer. Entro y en seguida me pongo a limpiar y aspirar la secadora. Aquí no perdemos el tiempo con taquillas porque venimos con el uniforme puesto de casa. Nada más empezar a trabajar, noto que el uniforme, un pantalón blanco y una camiseta también blanca, se me pega. Echo un ojo al termómetro de la entrada: 27º. Menos mal que ya es octubre y están bajando las temperaturas. En verano, con el calor que dan estas máquinas, llegamos a estar casi a 50º.

La secadora está lista para pasar a la acción, así que activo las lavadoras. La lavadora nueva es una gozada: cabe de todo y apenas hace ruido. Meto la ropa de cama y paso a buscar el jabón. Como es ropa blanca, hay que echarle detergente y cloro. Vamos, medio cazo azul y un cazo blanco hasta arriba.

Sacar la ropa de la lavadora cuando acaba el programa de lavado es difícil, ya que por mucho que tire ¡es que no hay manera! Las sábanas hoy se me resisten. Finalmente consigo pasarlas a un carro y meterlas en la secadora.

Mientras vuelvo para poner otra tanda de lavadoras miro a mi alrededor, veo a mis compañeros y doy gracias de poder trabajar aquí y formar parte de este equipo, y no tener que volver a donde trabajaba antes. Noto mucho el cambio: aquí todos me quieren y nos preocupamos los unos por los otros, no como allí, que era el único gitano y nadie me saludaba. Además de aquí no salgo tan cansado. ¡Qué alivio!

Hacemos una pausa para descansar y de paso almorzamos. Nos turnamos para traer la comida, y hoy le toca al jefe. Nada más terminar, veo que las sábanas ya están secas. Ahora toca prensarlas. La ropa de cama siempre necesita muchas manos para que quede sin arrugas. Agarrando unos por un lado y otros de otro, siempre sale bien. Con los uniformes hay que tener más cuidado: si hay algo difícil, se vuelve a pasar por la calandria y,, si no sale, se plancha a mano.Uno de mis compañeros arranca a cantar, y todos nos unimos. Me encanta trabajar en grupo.

Como vamos un poco justos, me pongo a separar por montones la ropa doblada, y mi compañero la va empaquetando a medida que se la voy pasando. Las cajas que usamos para meter la ropa que está lista son azules y llevan una etiqueta que marca su destino. La verdad es que son cómodas para cargar y descargar, y al cerrarlas se pueden apilar.

Es la una y media y acaban de llegar mis compañeros del turno de la tarde. En diez minutos salgo, y me voy a comer a casa con mi familia. Mañana, más”.

Relato ficticio basado en las entrevistas realizadas a Mariano Echeverría y Ainora Alvira, trabajadores del Servicio de Lavandería de Nabut.

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