María, otra mirada a la enfermedad

LAURA GARDE.- María llegó a Pamplona cuando tenía 9 años de edad. Ahora tiene 55. Sus padres se mudaron por trabajo. Estudió Enfermería y trabajó en la cínica Virgen del Camino. Llegó a ser jefa de enfermeras en Pediatría hasta que tuvo que dejarlo. “Lo echo mucho de menos”, asegura. Le habían diagnosticado esclerosis múltiple.

María se emociona recordando la playa de Cádiz, dice que le encanta ir y ver el mar. También tiene familia allí. Aquí su vida dio un giro por completo. “Estaba acostumbrada a ser independiente, a ir de un sitio a otro yo. Iba a trabajar, era feliz, volvía, salía a la calle, tenía mucha autonomía…”, explica con los ojos brillantes. Ahora, en parte depende de su marido y sus dos hijos, de 26 y 23 años. María no ha perdido toda la movilidad, aún tiene fuerza en los brazos y con ayuda puede dar pequeño pasos, pero necesita una silla de ruedas.

María va a ADEMNA, pero no quiere. “Mi marido es el que me hace venir. No quiere que esté en casa sin hacer nada, prefiere que esté aquí y que haga las actividades con el resto de mis compañeros”. Lleva un año y medio yendo al centro de día. María dice que en el centro les enseñan cosas útiles: “En el centro no nos tratan mal, de hecho nos cuidan muy bien. Nos enseñan, entre otra cosas, a hacer de la enfermedad algo llevadero. Intentan que veamos que podemos hacer una vida igual. A mí, personalmente, me cuesta mucho. Me siento encerrada, quiero la autonomía que tenía antes, y no puede recuperarla”, comenta María.

Habla de sus compañeros con cariño. “Aquí nos llevamos todos muy bien y hacemos muchas actividades. Resalta también las excursiones y una actividad que a ella le gusta mucho: el método Petö, un sistema de neurorehabilitación y reeducación que conjuga los principios pedagógicos y educativos con las bases de la neurorehabilitación. La finalidad es alcanzar al máximo el desarrollo funcional de la persona afectada, así como prevenir factores que puedan conllevar un empeoramiento. “Es como hacer pilates, lo disfruto”, describe María.

María aprovecha un descanso en las actividades para salir a tomar el aire y aprovechar el sol.

María (en el centro) aprovecha un descanso en las actividades para salir a tomar el aire y aprovechar el sol. Fotograma del vídeo.

Le diagnosticaron la enfermedad hace 22 años, cuando su hijo tenía 19 meses. “Mi hijo era pequeño, yo no me lo creía”. María cuenta que probó varios medicamentos, que al principio se negó a tomar. No entendía por qué le había tocado a ella, estaba enfadada con el mundo. “Cuando aún podía trabajar, lo notaba menos. Pero un día me dio un bajón y perdí fuerza al caminar. Ahí me ahogué”, declara María. Su gran apoyo es su familia. Y confiesa que sin su marido y sus hijos no sería capaz de salir adelante: “Mi familia es la que me apoya, lo que de verdad me da vida es poder estar con ellos y disfrutarlo”, asegura.

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