Charo Fernández: de usuaria a voluntaria del Teléfono

MARTA DOBLAS. – Charo Fernández está casada y tiene dos hijos. Es propietaria de un pequeño taller donde se fabrican cortinas para algunas tiendas. Conoció el Teléfono de la Esperanza de una forma totalmente inesperada y ahora es voluntaria. ¿Quieres descubrir su historia?

Charo Fernández llegó una tarde a casa y encontró a su marido hablando con el Teléfono de la Esperanza. Al principio se preocupó, pues ella creía que solo la gente con problemas utiliza el servicio de llamadas. Sin embargo, al colgar, su marido le explicó que había visto en el periódico un curso para padres y pensó que les vendría muy bien.

En aquel momento, sus hijos tenían 14 y 15 años. Estaban en plena adolescencia y la relación con ellos era un poco tirante. Aunque ya había asistido a alguna terapia en grupo, Charo no se sentía fuerte para afrontar la situación y –según explica – tenía algunas carencias emocionales:

“Yo no estaba a gusto, era muy exigente conmigo misma pero también con los demás”

CHARO MANOS

Charo se expresa con sus manos durante la entrevista. DEBORAH GALINDO

Así pues, cuenta que su marido la envió primero a ella “como de carabina”, a ver si el curso para padres era interesante. Charo reconoce que en un principio su contacto con el Teléfono no fue de necesidad drástica. Sin embargo, se daba cuenta de que necesitaba algún tipo de ayuda; la cual no se facilita por medio de la Seguridad Social. Por ese motivo dio el paso de acudir al curso.

Una carga del pasado

Charo no solo decidió asistir al Teléfono por la situación con sus hijos. De hecho, afirma que nunca fueron chicos conflictivos, ni tuvieron problemas de malas compañías o adicciones. Ambos se movían en unos ambientes bastante sanos, relacionados con el deporte, ya que uno jugaba al fútbol y otro al baloncesto.

No obstante, ella se sentía muy poco valorada y reclamaba mucho la compañía tanto de su esposo como de sus hijos:

“No me gustaba salir, me daban miedo muchas cosas. Eso al final termina mermando, cansando emocionalmente”.

Y es que Charo venía arrastrando una enorme sensación de culpabilidad por el hecho trágico que marcó su vida hace 25 años. “Éramos cuatro hermanas y una de ellas murió en un accidente con 17 años. Me sentí culpable porque pensé que podía haberla ayudado en ese momento. Ella me llamó para que la llevara en el coche y le dije que no”, se sincera. Ese fue el punto más crítico de Charo, cuando murió su “hermanica”. Estuvo mucho tiempo asumiendo esa responsabilidad, hasta que pensó que no podía seguir así y empezó en el Teléfono.

Ahora Charo vive contenta gracias a la decisión que tomó. DEBORAH GALINDO

Ahora Charo vive contenta gracias a la decisión que tomó. DEBORAH GALINDO

Charo admite que su marido pasó bastante mal aquella etapa. Ella no estaba bien preparada emocionalmente, por lo que buscaba cariño en vez de darlo y se “enganchaba” a los tres hombres de su casa. Sin embargo, ellos nunca le han echado nada en cara:

“No sé si lo tendrán guardadito, pero jamás me han hecho un reproche. Al contrario, me he sentido una madre muy querida”, afirma

Confiesa que, como madre, puede tener alguna duda de si lo ha hecho bien o mal para con sus hijos. No obstante, Charo tiene la certeza de haber hecho bien ciertas cosas y se felicita por ello. “Ahora ya no tengo sentimiento de culpabilidad. Sí de tristeza porque [mi hermana] ya no está. Pero de culpabilidad, en absoluto”, cuenta con una sonrisa en la cara.

Empezar de nuevo

Para sorpresa de Charo, el curso de padres le resultó muy útil porque se adecuaba a la circunstancia familiar que estaban pasando. Además, descubrió que el Teléfono organizaba otras tantas actividades que podían contribuir a su educación emocional: “Así empecé y luego seguí haciendo otras cosas”, relata.

Actualmente Charo atiende como voluntaria las llamadas que recibe el Teléfono y también es coordinadora de grupos. Para ser voluntario  primero hay que realizar unos cursos de formación. Ella misma explica el proceso y su propia experiencia en Oharriz:

En cuanto a aquello que le impulsó a colaborar en el TE, Charo responde que se ha sentido enormemente recompensada.

“He vuelto a disfrutar de lo que realmente yo quería. Y quería mi vida. Pensé que tenía que expresarlo a los demás, que la gente vea donde puedes llegar cuando hay alguien a tu lado”, cuenta

¿Cómo convencer a la gente para que quiera vivir? Charo expone que la principal arma de los voluntarios consiste en devolver a los llamantes las preguntas que estos les hacen. De esta manera, “ellos mismos van buscando las ganas de vivir. El escucharnos a nosotros, mi tono de voz, las cosas que les digo, la ilusión que yo pongo en una llamada… Yo creo que les ayudo”, asegura Charo.

La vivencia más dura a la que se ha enfrentado como voluntaria fue un intento de suicidio. Una persona que estaba fuera de Navarra se había tomado unas pastillas y llamó. El problema era que no había tantos medios para socorrerla como si hubiera estado cerca. Por suerte, desde el Teléfono tuvieron los suficientes recursos y consiguieron que el llamante saliera de la situación. Cuando no se llega a tiempo, los voluntarios están capacitados para asumir que su papel es ayudar en la medida de lo posible. “Yo soy de las que piensa que siempre merece la pena vivir”, concluye Charo.

Si te ha parecido inspiradora la historia de Charo Fernández, comparte esta entrada en las redes sociales y deja tu comentario. ¿Has decidido dar el paso de ser voluntario en el Teléfono de la Esperanza? Puedes ponerte en contacto con la sede de Navarra a través de su página web.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s