Alicia Arza: “No son pastillas mágicas, es cuestión de voluntad y ayuda, pero me ha facilitado muchísimo la vida”

CARLOS ROMEO SANZ.- Alicia Arza estudia 3º  de Periodismo en la Universidad de Navarra. Le diagnosticaron TDAH hace apenas dos años, cuando ya había empezado la carrera. Y en su familia no había sospechas de que pudiera darse este trastorno: “En mi familia no había nadie. Después de descubrirme a mí, si que ha habido unos cuantos casos, pero en realidad fue más cosa mía. De hecho, cuando yo se lo comenté a mi madre, me dijo: Pero, ¿cómo va a ser eso?”. De hecho, fue la sospecha de que un niño al que daba clases particulares lo tuviese, lo que la puso de sobre aviso: “Los niños te suelen contar su vida: Hoy me han echado de clase por no sé qué, hoy han hablado de no sé cuál,… y al final dices: ¡Jo, este niño me recuerda mucho a mí!”.

Al igual que Pablo Lorente, otro estudiante con TDA, Alicia afirma que no es algo que pille por sorpresa: “Al final se juntaron una clase de cosas que a mí me hacían sospechar. Nunca te diagnostican por una cosa en concreto, eso es como decir que tienes depresión por estar un día triste”. Y es un hecho concreto la gota que colma el vaso. En el caso de Alicia, fue un examen de Radio: “Era un examen que yo preparé con dos semanas de antelación, el día anterior dormí muy bien, cosa que nunca hacía, repasé, y fui al examen, vi las preguntas y casi lloré, porque me parecía chino aquello. Saqué un 5 pelado, pero habiendo estudiado dos semanas antes, pues era un completo fracaso”.

En la revisión, entendió lo que le sucedió durante el examen: “Allí vi que, en las preguntas más fáciles, en las que la gente subía la nota, que no eran cosas de manual sino cosas que sabías, pues yo las tenía mal, me preguntaban por peras y yo respondía manzanas. No me enteraba de nada”. Esta experiencia, junto con la ansiedad que tuvo en 1º de Bachillerato, aparentemente sin motivo, le hizo ir al médico a ver si tenía TDAH. El doctor recopiló todos los informes del colegio y le confirmó: “No, definitivamente, tú tienes déficit de atención. Lo que pasa es que nadie se ha dado cuenta porque has ido sobreviviendo”.

Después de que descubriesen que Alicia tenía TDAH, descubrieron que su hermano Luis, que actualmente tiene 12 años, también tenía. La creencia venía de la semejanza en algunas situaciones: “En concreto, en mi caso, pasé de quedar segunda en la Olimpiada de Matemáticas en Valencia a, al año siguiente, suspender la asignatura de Matemáticas. Entonces decían: es que es vaga, es que no quiere,… Con mi hermano Luis empezábamos a ver ese tipo de cosas”. Entonces, hace un año, le llevaron al médico, pero al ser todavía muy joven, no le dieron tratamiento farmacológico. Esperaron a que fuese más mayor: “Cuando empezó a entrar en la ESO, tener más que estudiar, los cambios hormonales,… pues ya decidieron que era conveniente, pero no es algo así como por asegurar. Evidentemente, tiene que haber un problema de base”.

La medicación

Alicia nos explica en qué consiste la medicación y la terapia que sigue y el cambio que ha dado su vida:

Alicia incide mucho en el cambio, sobre todo, a nivel personal: “El cambio para mí fue algo radical. No solamente en el nivel de estudios, que me importaba menos, sino personal, porque te das cuenta que al fin eres capaz de hacer cosas que quieres, que eres capaz de ser constante, que era algo que tus amigos iban consiguiendo y tu no, lo que te hacía sentir un completo fracaso”. Y la ayuda de la medicación, no solo en las situaciones de estrés, donde es evidente que ayuda por reducir la impulsividad, sino también porque te hace ser consciente de una dificultad: “En el momento en el que tu sabes que tienes un problema, eres capaz de ir viéndolo poco a poco, y darte cuenta de: bueno, ya no aplazo tanto las cosas. O, ahora tengo una situación de tensión, y antes yo me daba cuenta”.

Para expresarlo mejor, lo concreta con un ejemplo: “Me acuerdo un viaje que hice con unos amigos, que en el autobús había unos tíos que se estaban comportando fatal, no nos dejaban dormir, gritando, y, en otra situación, me hubiese levantado y les hubiese echado cuatro gritos, pero en ese momento me di cuenta de que no iban a hacerme ningún caso, y era capaz de quedarme quieta”. El no poder controlarse podía ponerla en situaciones difíciles y tener grandes problemas: “Saltabas a la mínima, y no es que fuese el ogro, pero es como: “Esta chica qué carácter tiene, no se sabe controlar,…” Y eso también te hace daño personalmente. Mucha gente se fija en las notas, pero realmente, para mí, el cambio de la medicación y el tratamiento, es en el plano personal”.

Mejor calidad de vida

Antes de que le diagnosticasen TDAH, Alicia, a pesar de no ser consciente de lo que tenía, intentaba combatir sus consecuencias. Esto hacía si intentaba planificar algo: “No era capaz de cumplir una rutina, podía planearla, y muchas veces lo hacía, con huecos de “para lo que haya aplazado”, pero no era capaz de hacerlo. A lo mejor dos días lo conseguía, pero al tercero ya era imposible. Al final, ese estrés hacia ti mismo te crea una imagen que no es real. Porque tú te quieres sentar, pero no lo consigues. Y no eres capaz siquiera de medir el tiempo”.

Es por eso que destaca ese cambio ahora que toma la medicación: “Yo soy mucho más puntual ahora de lo que era antes. Porque no era capaz de planear lo que me iba a costar, pues, llegar, coger el autobús e ir a un sitio. Ahora, soy capaz de hacer rutinas mucho más reales, que no quiere decir que las cumpla a rajatabla, porque esto no son pastillas mágicas, es cuestión de voluntad y ayuda, pero evidentemente me ha facilitado muchísimo más la vida”. Y ese cambio también lo ve en su hermano, pese a que tenga el genio de cualquier persona que inicia la adolescencia:

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Pablo Lorente: “¿Realmente mejora tanto con el fármaco como para que compense los efectos secundarios?”

CARLOS ROMEO SANZ.- Pablo Lorente, estudiante del Máster de Profesorado en la Universidad de Navarra, le diagnosticaron Trastorno de Déficit de Atención (TDA) hace 6 meses. En esos momentos, estaba cursando el último año del Grado de Historia. Con la realización del Trabajo de Fin de Grado, empezó a darse cuenta de que no conseguía la concentración necesaria para realizarlo. No obstante, había indicios para sospecharlo: “Realmente, no es una diagnosticación que te venga improvisada, te empiezas a dar cuenta, a lo largo de toda tu vida, que a la hora de estudiar te cuesta concentrarte, que aparece cualquier cosa y te distraes. Llega un límite que, en mi caso, fue la presión de la universidad, de sacar más resultados, presión de trabajos,…  y opté por ir al médico por saber si tenía eso (TDA) y las pruebas lo confirmaron”.

Sin embargo, se muestra escéptico con respecto a la idea del TDAH. “No es una ciencia exacta que te puedan confirmar y que te digan sí o sí, sé que hay pruebas, pero lo mío se basó en contar toda mi experiencia de intentar estudiar y distraerme con cualquier cosa. Entonces (el médico) me dijo: Prueba con esto”. Las distracciones no eran los pensamientos, sino objetos cotidianos como el móvil, el ordenador, libros y revistas.

Aunque hay varios tipos de tratamientos, Pablo empezó directamente con el farmacológico: “Empecé con las pastillas, con la más suave, que si no recuerdo mal eran 14 miligramos. Y va progresivamente, eso viendo hasta que te acostumbras a lo que realmente es tu peso”. Los efectos secundarios del medicamento no afectan por igual a todas las personas. Los más comunes son el insomnio, la falta de hambre o los cambios de humor. “Afortunadamente, todo lo que era sueño, yo no perdí para nada, pues cuando empiezas a tomar la medicación, ese es parte del problema, que no duermes porque, al fin y al cabo, lo que haces es estimular el Sistema Nervioso Central, y hay algunos que no pueden dormir”.

Aunque no tuviese problemas para conciliar el sueño, su cuerpo sí notó los efectos de la pastilla: “Yo, que soy una persona de complexión delgada, adelgacé 4 kilos”. Unos kilos que ya ha recuperado. Asimismo, afirma que la primera semana de adaptación al fármaco, la impresión es extraña, aunque admite que puede no ser general: “Yo tenía una sensación rara en el estómago. Igual fue por el caso mío. No es la sensación de: “Me voy a tomar un ibuprofeno”, te lo tomas y punto, y realmente tu no notas ningún cambio, pero con esto sí”. Es por ello que se muestra crítico con el medicamento, especialmente si es un tratamiento largo: “¿Realmente mejora tanto como para que compense los efectos secundarios? Depende de cada uno, pero yo creo personalmente que no. Te concentra más y te sirve para momentos puntuales”.

Debido a que ya han pasado sus momentos puntuales, Pablo prefiere no seguir con el fármaco: “Ya no tomo la medicación por voluntad propia. En determinado momento me diagnosticaron, y por la exigencia de la universidad, lo necesitaba. Pero, en junio, que ya había terminado los exámenes, me planteé: ¿Si ya he acabado, para qué voy a seguir tomándolo? ¿Es necesario seguir drogándome? Porque al final es anfetamina pura y dura”. Pablo afirma que si puedes hacer una vida normal sin la pastilla, es mejor quitársela, pues cree que, a la larga, es contraproducente.

Pablo explica por qué ha dejado de tomar la pastilla, y expone su opinión de que el tratamiento debería estar sujeto a revisión:

Asimismo, es consciente de que en la sociedad hay mucho desconocimiento (también hay mucha controversia). Esto es lo que intentamos solucionar en este blog. “Como realmente no se sabe, a ciencia cierta, bien tratar el tema del déficit de atención y la hiperactividad, entonces, esto es como el comodín, ¿sabes? Esto tampoco es una panacea universal”. Y opina que sería mejor que el tratamiento tuviese una observación periódica a través de un psicólogo: “En teoría, si  la mayoría de la gente va a un psicólogo, y es él quien le dice: “Mira, ahora vas a estar dos semanas sin tomar la pastilla, o para descansar o para saber qué efecto te hace,…” Entonces, en teoría, medicamente está controlado”.

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